Quizás en tu vida resuelves todo. Trabajas. Lideras. Te haces cargo. Pero cuando aparece el amor, algo cambia: empiezas a pensar demasiado, a interpretar silencios, a preguntarte qué hiciste mal.
Durante el día te muestras fuerte, como si nada te doliera. Pero en la noche te haces, a solas, una pregunta que nunca le has dicho a nadie.
Yo también viví ahí. Con esa misma pregunta rondándome: ¿me va a elegir?, ¿seré suficiente?, ¿qué tengo que hacer para que esto funcione?
Hasta que un día apareció otra pregunta, mucho más pequeña y, al mismo tiempo, mucho más profunda: ¿yo lo elegiría para construir la relación que quiero?
Hoy no vengo a enseñarte estrategias para parecer más interesante o más fácil de amar. Vengo a acompañarte a hacer algo mucho más sencillo: volver a escucharte.